Wednesday, November 30, 2005

6. Ejercicio sobre el uso del guión largo.

Para dar uso del guión largo tomé un fragmento de uno de mis cuentos, titulado:

Tengo alas, necesito volar, pero ¿Como extender las alas?...

A veces tanta sensibilidad me estorba...

- ¿te conté que dibujo árboles?
- No. Yo sólo los sueño.
- últimamente es lo único que puedo trazar , he perdido casi por completo la visión
- Debe ser difícil no poder ver muy bien. Yo no distingo algunos colores y si vieras cuántos problemas he tenido. Por eso mejor los sueños.
- no es fácil perder los detalles. Siempre me llené los ojos de colores, de texturas y de juegos de brillos. Podía casi sentir lo que decían cada uno
- ¿Por qué dejaste de ver así de rápido las estrellas?
- aún no lo sé. Creo que lo que sucedió es que jamás vi en realidad
- ¿Y cómo puedo saber si estoy viendo y no son cosas que yo misma creo?
- cuando ya no las tengas frente a los ojos y aún las veas. Hoy ya no alcanzo a distinguir mucho las columnas de aquella entrada. Pero créeme que puedo ver con gran detalle los troncos nudosos que se encuentran en el patio previo. Creo que por eso es que ahora sólo puedo dibujar árboles. Mi gusto por ellos comenzó el mismo día que tuve que cargar uno para plantarlo. Aprendes a verlos, a verlos crecer y aprendes a hacerlos crecer aunque después es tanta la rutina de verlos y verlos y verlos... que terminas por menospreciar sus formas. Hasta el día en que los dejas de ver. Te levantas con el mismo desgano de encontrar el mismo árbol siempre.. y siempre terminas cerca de uno. Todo sucede generalmente cuando crees que nunca se te irá lo simple, pero fue de repente. Recuerdo que era una tarde, porque ya ves - tu sí ves - que las tragedias les da por culminarse por las tardes
- Aún veo, ya ves...
- lo gracioso es que ya no veo. Pero como te decía, la rutina te hace subir escaleras, bajar andamios, oler a pintura y en ocasiones enterrarse un poco en la tierra y llenarse de ella. Esa es una costumbre que creo que nunca se me quitará. Porque ya ves - tu sí ves - que en ocasiones soy más terco que creativo, pues mi terquedad me llevó a tratar de terminar en ese mismo instante la techumbre de aquella plazuela. Gritaba, ordenaba y como es mal visto no meter las manos para atornillar de vez en cuando alguna viga o no hacerle al pintor de uno que otro muro, pues te sale la valentía y te subes a aquellas alturas donde la mayoría piensa que es peligroso
- No es peligrosa la altura, es peligroso el suelo, ya ves...
- ...
- ¿Y qué te pasó?
- no, que quede bien claro que yo no veo, aunque para decirlo de mejor forma, siento que la altura es solamente excitante. ¿Qué me pasó?
- ¿Por qué dejaste de ver?
- pues nada
- ¿Dejaste de ver así porque sí?
- en una de esas ocasiones donde te da por ser intrépido subes a lo alto de un techo y con el éxtasis de casi terminarlo, te pones de pie y en la orilla abres los brazos y cierras los ojos para sentir el viento en la cara
- Yo ya no siento, ya ves...
- ¿cómo debo explicarte que aquí alguien ya no ve?
- No sé. Quizá si pudiera tocar la ausencia de tu mirada, pero ya ves que yo ya no siento. No tendría caso estirar mis muñones a pesar de su poco movimiento.
- bueno, en esa ocasión yo sentía que casi dos pisos no eran una altura que espantara a alguien. Pero es que deberías sentir la textura del viento en los dedos, sentir las ráfagas de aire
- ¿Cuáles? Yo no tengo ya tacto ¿cómo te lo explico? ¿Qué no te acuerdas que tuve que mutilarme las manos con el afán de no poder escribir ya nada?
- pero ¿qué no sentías que el hacer eso te iba a dejar prácticamente alejada del mundo?
- No, ya no siento. ¿Cómo quieres que sintiera? De todos modos siempre fue muy difícil para mí tener que dejar de todas las cosas que no estaban. Por eso me comí las manos, porque prefiero ver las estrellas que tocarlas, aunque a veces extraño su cuerpo
- bueno, en eso tienes razón. He de confesarte que llegó un momento donde ya no sentí ese techo donde caminaba
- Yo no sentí el momento preciso en que mis manos se despegaron totalmente de mí, cuando ellas ya no eran parte de mi cuerpo
- ¿lograste ver cómo se separaban de ti?
- No pude cerrar los ojos para ver cómo me inundaba de un “no sentir nada” Me gustaba aprender de memoria la textura de todo lo que estaba a mi alrededor y si tomé esa decisión fue porque a veces no podía dormir con estas alas tan gigantes. Así que tuve que devorarme una parte. Lo que hice fue comerme mis manos, olvidarme de los dedos, de las caricias, de soportar la caída con veinte dedos, ahora caigo de cara. Ya ves, nosotros tenemos veinte dedos. Ahora no me queda ninguno. Y las plumas están empezando a emigrar hacia lo que antes eran mis manos, ya casi no se ve esa ausencia. Siempre hay algo que llena el hueco, aunque no es lo mismo
- yo siempre sentí cómo caía y caía. Pero te juro que me negué a verlo. Creo que te falta un poco de tacto para entender que ya no veo
- Yo no te juro nada. Yo sólo las comí de un tajo porque después de tanto tiempo ya no soportaba: era un huracán. Si estaba, lo tocaba y esa tocadez me hacía sangrar el estómago. Si no estaba, entonces no lo tocaba y me hacía sangrar, esa ausencia, todo el estómago. Así que preferí no tener con qué tocarlo, porque ya ves, no es lo mismo tocar que acariciar. Creo que te hace falta ver que no tengo manos.
- ¿cómo sientes las alas? Ya te dije que no veo
- Un poco incompletas, pero aún con sentido para volar. No ha sido fácil la recuperación. Si pudieras ver lo hermosas que son...
- ¿volar? si yo hubiera visto que no podía volar aún vería ¿qué se siente volar?
- Te digo que ya no siento. Pero bueno... ¿alguna vez has superado la realidad?
- pues, según veo... sí
- Pero tú ya no ves
- siento que la realidad a veces dejas de verla tal cual es
- Si yo pudiera sentir, aún volaría como antes
- dale con eso de volar ¿qué no sientes que ahora estás inmersa entre sombras?
- Dale con lo mismo. Te digo que ya no siento ¿qué no ves que no tengo manos?
- vaya contigo y tu necedad. ¿Qué no sientes un poco de pena por mí cada que me invitas a ver sabiendo que no puedo hacerlo?
- Tú empezaste diciéndome que si no sentía y sabes muy bien que no puedo sentir
- pues tú sabes perfectamente que yo no puedo ver y en este agujero húmedo y oscuro ...
- Oye, pero no está obscuro. Lo que pasa es que no ves la luz.
- pues es que yo lo siento así
- Pero yo no siento…No podemos hacer nada por salir. Yo no tengo manos y así no puedo elevarme.
- según veo...
- ¿Cómo salimos? ¿imaginamos la salida? Yo no tengo manos, no puedo escribirla ¡cállate que tú no ves! ¡cállate o te voy a perforar el estómago con la mirada!
- creo que nos quedaremos un rato más aquí. Al menos hasta que nos escriban, hasta que los gusanos se coman tus ojos, hasta que se acaben de pudrir mis manos
Me canso de repetirme. De hablar siempre de corazones y de muerte. De sentarme a llorar y a imaginar papalotes volando muy alto. De ver en mi imaginación papalotes que se los lleva el viento: me los arrebata de las manos. Me canso de decir siempre las mismas cosas. De tocarme el pecho creyendo que no tengo corazón y sentirme completa. De decir que no tengo manos ni pies y descubrir que escribo y que camino. Toda esta mutilación está en mi mente. No estoy mutilada del cuerpo. Estoy mutilada del alma. No estoy sangrando del corazón. La hemorragia es en la mente. Ya me cansé de decir que he muerto y descubrirme cada día más viva. No eres tú lo que me duele. Soy yo misma la que me duelo.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Very nice site! » »

10:21 AM  

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